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música

¿Presumes de buen gusto musical? Por favor, vete a la mierda

Víctor Lenore. Un ensayo no debe medirse solo por sus ventas, sino también por la potencia de los debates que genera. En ese sentido, ‘Música de mierda’ (Carl Wilson), publicado en 2016, ha sido un éxito arrollador, por su defensa de una mirada antielitista hacia los sonidos que nos causan rechazo (en este caso, las melosas baladas sentimentales de la superventas global Céline Dion). ¿Por qué es importante ser empático al valorar la música de los demás? Porque, como demostró el sociólogo Pierre Bourdieu, los gustos culturales no son inocentes, sino que muchas veces esconden inercias clasistas. Todo el mundo tiene derecho a que no le guste Dion, empezando por el propio Wilson, incapaz de conectar completamente con su objeto de estudio.

Sin embargo, el experimento de intentar acercarse a la artista y a sus seguidores le sirvió para darse cuenta de que las premisas estéticas que él manejaba escondían una mezcla de machismo, clasismo y pavor ante los sentimientos expresados abiertamente, sin la distancia de seguridad que ofrece la ironía hípster. Ese miedo, seguramente, tiene que ver con descubrirse como un ser dependiente y vulnerable. El debate daba para más, por eso es un acierto la publicación de ‘Mierda de música’ (Blackie Books), donde filósofos, sociólogos y escritores definen sus posiciones en esta batalla que funde pop y política.

La democracia como escándalo

El más entusiasta, sin duda, es el sociólogo César Rendueles. El párrafo final de su texto no deja lugar a dudas. “Hay un pasaje de la ‘República’ donde Platón, un convencido antidemócrata, se ríe de los ‘herreros bajos y calvos’ que pretenden meterse en política. No solo es una tesis moralmente repugnante, sino que demuestra una profunda ignorancia de los principios de la democracia’, denuncia.

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El postsocialismo de Susana Díaz

Opinión Actualidad

Antonio Maestre. “En el PSOE somos todos socialistas y de izquierdas”, decía Susana Díaz respondiendo a Pedro Sánchez a las acusaciones de derechización. Algunos discrepamos. El sociólogo Alain Touraine escribió en 1980 un tratado llamado El postsocialismo. El texto tenía como elemento transversal que el socialismo no podía realizarse dentro de las instituciones integradas en cualquier democracia representativa. Era necesario centrarse en los movimientos sociales y culturales que sustituirían el papel del obrero como elemento reformista de los Estados ya que los partidos acaban imbuidos por el sistema. Elías Díaz, catedrático de Filosofía del Derecho, hablaba de la falacia de la identidad para referirse al callejón sin salida que significa la lógica del capitalismo en un democracia representativa para los socialistas democráticos. ¿Se puede ser socialista sin cuestionar el sistema capitalista?

Los socialistas críticos con esa falacia consideran que sí se pueden cambiar las lógicas del capital desde dentro del sistema y que el socialista que considera que eso no es posible, o simplemente no quiere hacerlo, no lo es aunque se autodenomine socialista. Según este razonamiento no puede existir un socialista en las instituciones que no quiera cambiar las reglas del capitalismo.

En una tribuna en 1985 el ahora azote de Podemos, el catedrático Antonio Elorza, definía así en El País al PSOE postsocialista que, tras ganar las elecciones, había mutado acomplejado abandonando la izquierda para mantener el poder: “Al precio de asumir por parte socialista el papel de fuerza subalterna respecto al poder capitalista, bajo el signo de la modernización”. En el análisis del catedrático sobre las renuncias se incluía una frase atribuida a Carlos Solchaga, entonces ministro de Hacienda de Felipe González, que resulta reveladora: “La función del Gobierno socialista será olvidarse de la distribución y mirar al aumento de la producción”, decía Elorza.

La tercera vía de Anthony Giddens que tomarían Tony Blair y Jose Luis Rodríguez Zapatero es una exaltación de las ideas postsocialistas. Una asimilación completa de las reglas del mercado y la lógica capitalista con medidas de maquillaje que intenten aumentar la cohesión social.

Sin embargo, al postsocialismo de Susana Díaz se le podía añadir una definición alternativa que poco tiene que ver con los elementos teóricos y académicos que los sociológos definieron. Su ideología tiene una visión mucho más novedosa. La definición del postsocialismo que incluye a la lideresa andaluza se basa en el término estrella usado para comprender la relevancia de los populismos y que tanto es enarbolada por el periódico que más ha hecho para acabar con Pedro Sánchez. La posverdad.

Según una definición dada en El País son “Las circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la opinión pública que las emociones y las creencias personales”. El postsocialismo, aplicando la palabra de moda, sería la ideología en la que los hechos objetivos y las políticas llevadas a cabo cuando se ocupan las responsabilidades de gobierno son menos influyentes en la militancia que las emociones, las creencias y el peso de la adhesión al líder.

Es la ideología de Susana Díaz, aquella que le lleva a declararse de izquierdas a pesar de haber puesto al PSOE al borde de la destrucción para dar el Gobierno a Mariano Rajoy con tal de evitar que Sánchez pudiera llegar a gobernar con Podemos y los nacionalistas. Los hechos los firmaría cualquier conservador, la emoción infunde a sus seguidores a autoproclamarse de izquierdas.

Susana Díaz es el PSOE

Díaz es un fiel exponente del PSOE. Del único PSOE que ha gobernado. El PSOE socialista jamás lo hizo, murió en Suresnes. El partido que ha aupado a la presidenta de la Junta de Andalucía como salvadora es el que realizó la dolorosa reconversión industrial, y que fue alabada por Matilde Fernández en el acto del sábado. El que propició la entrada del capital privado a la sanidad pública y aprobó la regla de oro del artículo 135 de la constitución. El que promulgó una reforma laboral que recortó drásticamente los derechos de los trabajadores. Fue Felipe González el que realizó una privatización de las empresas públicas más ambiciosa, en sus propias palabras, que la de Margaret Thatcher. Hechos históricos que son el legado del PSOE que enarbola orgullosa la dirigente andaluza.

Susana Díaz anunció su candidatura a la secretaría general del PSOE en un acto de exaltación al líder. No quedó en Andalucía un solo cargo, asesor o liberado de la Junta [permítanme la hipérbole]. Todos estaban en IFEMA defendiendo lo suyo y apoyando a quien se lo provee. Todo un baño de masas. Algo que ya estaba puesto en marcha desde el pasado mes de octubre cuando la “Brunete de pana dio el golpe en Ferraz”. Felipe González narró el momento de comenzar la asonada desde los micrófonos de la Cadena SER y los generales de la lideresa andaluza llegaron a Madrid con las firmas que fulminarían en un golpe, que preveían rápido, a Pedro Sánchez. Pero que acabó siendo muy doloroso para los intereses de todos en un congreso federal que rompió el partido de forma dramática.

La fotografía de Susana Díaz con el aparato al completo es clave. Toda la vieja guardia del PSOE. Felipe y Guerra, Rubalcaba y Zapatero. Con todo aquello que Podemos combate, y que ahora de forma interesada finge combatir Pedro Sánchez. Una imagen que provoca un fuerte rechazo fuera del partido pero que apela a la emoción de la militancia, una estampa muy poderosa en clave interna. Los militantes históricos del PSOE, que son los que votan, están orgullosos de su legado. Los que no, ya lo abandonaron. No hay que despreciar el poder de esa foto, tan denostada de forma generalizada, para lograr el poder en Ferraz.

El postsocialismo de Susana Díaz lo es por aceptar las reglas del juego capitalistas de forma entusiasta. Algo que conlleva jugosas contraprestaciones por parte del sistema y que están expuestas de forma gráfica en esa fotografía con todos los históricos a su lado. Despreciar la importancia de los poderes fácticos es algo que le costó caro a Pedro Sánchez. El PSOE es una parte indispensable del establishment y Susana Díaz es el PSOE. La izquierda tiene que dejar de mirar al partido que comande como una opción viable de izquierdas, es tan solo una ilusión del capital. Susana Díaz es la elección del sistema para mantener sus privilegios. No dejarán que caiga porque eso supondría la destrucción de uno de los pilares de la cultura de la transición. No pasará.

 

Fuente: http://www.lamarea.com/2017/03/28/postsocialismo-susana-diaz/

 

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